lunes, 11 de mayo de 2015

Comentario: RETRATO DEL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS A CABALLO, Velázquez

RETRATO DEL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS A CABALLO

La obra que vamos a analizar a continuación es un óleo sobre lienzo (209x173cm) del año 1635 y pintada por Velázquez y su nombre es el Retrato del Príncipe Baltasar Carlos. Se encuentra expuesto en el Museo del Prado (Madrid) aunque fue realizado para el Salón de Reinos el Palacio de Buen Retiro, para colocarlo junto a los otros retratos ecuestres de su madre, Isabel de Borbón, y su padre, Felipe IV. 
 

El retrato oficial se adapta a esquemas tradicionales en cuanto a composición. En la pintura se puede observar en un primer plano, centrando la composición y ocupando casi todo el lienzo, al príncipe montado en el caballo (jaca) y, al fondo, enmarcando la composición, el paisaje de la sierra madrileña. El príncipe se le ve erguido sobre su silla, en actitud de nobleza, en su mano derecha lleva el bastón de mando de general que se le concede por su rango de Príncipe Real, viste banda y, acentuando los símbolos de autoridad con el caballo encabritado. La gran innovación se encuentra en la penetración psicológica del retratado, en el realismo y en el tratamiento de la iluminación al experimentar que resaltan más aun la personalidad retratada.

Destaca del representado, la cabeza, en un trabajo de madurez del artista en el que su tez blanquecina y su cabello rubio destacan sobre la zona oscura de su traje, mirando hacia el espectador de manera penetrante, pese a contar tan solo con 5 años en el momento del retrato, consiguiendo esa introspección psicológica tan característica de la obra de Velázquez, y que vemos tanto en los retratos de personajes reales como de los bufones de corte.

Resaltan los dorados en el conjunto como el cabello del niño, la silla, etc. Donde con pincelada disuelta consigue plasmar calidades de telas, metal, cuero…

En el caballo podemos observar (muchas veces criticado en esta obra de Velázquez) el vientre y el pecho del caballo que es muy voluminosa, pero la explicación a este tamaño del vientre es que el cuadro estaba realizado para verse desde abajo y a Velázquez le gustaba mucho jugar con las perspectivas y quería hacer pensar al que lo viera que el caballo se abalanzaba sobre él, en un agudo escorzo propio del movimiento barroco.

El paisaje fue pintado con capas casi transparentes que pueden ser visibles en la nieve de la montaña, reforzado por la gama de azules y grises, que dan la sensación de aire invernal. El paisaje fue pintando después que el personaje y esto se puede observar porque exalta la sensación de profundidad en el cuadro y separa el paisaje del personaje principal. Crea una atmósfera y fondo de paisaje plateado para resaltar al príncipe Baltasar Carlos. 
 
 
VIDA: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, natural de Sevilla (1599), antes de cumplir los doce años entró de aprendiz en el taller del pintor Francisco Pacheco, que le inculcó su interés por la mitología y le transmitió su cultura humanista, y con cuya hija Juana, Velázquez contraería matrimonio en 1617. Para entonces, Diego de Velázquez se había convertido en un consumado maestro del naturalismo tenebrista. Gracias a la protección del conde duque de Olivares, se trasladó a Madrid en 1623 y fue nombrado Pintor de Cámara del Rey Felipe IV. Consolidó su brillante carrera artística con la obtención de la Orden de Santiago, privilegio reservado a la alta nobleza.

Por sus excepcionales dotes artísticas y por su carácter, Diego de Velázquez se ganó el afecto y la confianza de Felipe IV, que lo envió a Italia en dos ocasiones (1629-1631 y 1649-1651) a fin de adquirir obras de arte para las colecciones reales. Estos viajes influyeron decisivamente en su evolución artística, pues le permitieron profundizar en la pintura italiana, lo llevaron a interpretar la realidad en términos de luz y color, y a dominar la técnica de la perspectiva aérea o atmosférica. Tras una breve enfermedad, murió en Madrid en agosto de 1660.

OBRA: Su primera época fue en Sevilla y tenía 10 años allí se deja atrapar por lo tenebrista de Italia y se dejó influenciar por el arte de Caravaggio con pinturas como El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos. De su primera etapa en Madrid toma influencia de la pintura flamenca e italiana de las colecciones reales y pinta el retrato de Góngora, viaja a Italia y evolucionará asimilando los estilos de otros maestros, en un arte propio del Barroco, pintando La fragua de Vulcano, en su segunda etapa de Madrid pinta esta obra del príncipe Baltasar Carlos, después, en la tercera etapa de Madrid e innumerables llamamientos por parte del rey para decorar una de las salas del Alcázar con motivos mitológicos pintó Mercurio y Argos. En el año 1656 realiza lo que todos están de acuerdo en llamar “su obra maestra”: Las Meninas.

Velázquez es el mejor ejemplo de la escuela pictórica barroca madrileña y un ejemplo a seguir por muchos otros, en esta obra plasma de manera magnifica la perspectiva y la naturalidad del rostro del pequeño, siendo uno de los retratos quizá más amable de todos los pintados por Velázquez, siendo además ejemplo del uso que hicieron las monarquías absolutistas durante el periodo del Barroco, utilizándolo como medio de propaganda.

FUENTES CONSULTADAS PARA EL COMENTARIO DE LA OBRA:
Imagen: Diego Velázquez [Public domain], via Wikimedia Commons


AUTOR: SERGIO CEREZAL MARTINEZ, alumno 2º bachillerato D NOCTURNO, curso 2014-2015

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