Hay escenas de cine que trascienden la narración y se convierten en imágenes para ser contempladas. Una de ellas es, sin duda, el funeral de Padmé Amidala al final de Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith. Es una secuencia breve, silenciosa y profundamente triste, pero también de una belleza visual tan calculada que resulta difícil no pensar en la pintura del siglo XIX.
La composición del cuerpo de Padmé, la luz suave, las flores, los tonos azulados y la quietud casi irreal de la escena recuerdan muchísimo a la estética prerrafaelita. Este movimiento artístico, surgido en Inglaterra en 1848 de la mano de artistas como John Everett Millais y Dante Gabriel Rossetti, se caracterizó por el detallismo minucioso, los colores intensos, el simbolismo y la representación de mujeres idealizadas, muchas veces ligadas a historias trágicas.
La comparación más evidente aparece con Ophelia de Millais En esta obra, inspirada en Shakespeare, la protagonista flota rodeada de flores en una escena donde la muerte se transforma en una imagen de serena belleza. Algo muy parecido sucede con Padmé: no vemos una muerte violenta, sino una figura suspendida en una especie de calma solemne, casi como si estuviera dormida.
También el vestido azul que lleva refuerza esta conexión. En muchas obras prerrafaelitas, el azul simboliza pureza, espiritualidad y trascendencia, como sucede con Proserpina sosteniendo una granada de Rosetti. Padmé aparece así situada entre lo terrenal y lo simbólico, convertida en una figura casi mística.
Dante Gabriel Rossetti, Public domain, via Wikimedia CommonsOtro detalle importante es el colgante que sostiene entre las manos, regalo de Anakin. Como ocurre en tantas pinturas prerrafaelitas, los pequeños objetos funcionan como símbolos capaces de condensar toda una historia emocional. Ese colgante resume su pasado, su amor y su tragedia.
Además, Padmé encaja perfectamente en la tradición de las heroínas trágicas representadas por obras como The Lady of Shalott de Waterhouse (pero aquí permitidme que me guarde la imagen para comparar con Eowin, la gran Eowin, de EL Señor de los Anillos): mujeres bellas, melancólicas y marcadas por un destino inevitable.
Quizá George Lucas no buscó una referencia directa, pero el resultado dialoga claramente con esa tradición visual. Durante unos minutos, Star Wars abandona la estética de la ciencia ficción para acercarse a la sensibilidad romántica del siglo XIX. Padmé no muere como un personaje galáctico. Muere como una auténtica heroína prerrafaelita: una Ofelia en una galaxia muy, muy lejana.



